martes, 26 de agosto de 2014

Sobre el ritmo de un poema

El poema sólo es tal cuando tiene ritmo, y el ritmo es la repetición acompasada de unidades elementales.
Ahora en la poesía clásica el ritmo está marcado por la estructura precisa dada por una métrica y rima estricta.
Pero esto no significa que el verso libre carezca de ritmo; al contrario, un poema sin ritmo no es "poema" sino que es "prosa versificada" -y como dicen que el pez muere por la boca, sé bien que muchos de mis "poemas" en verso libre no son tales...piedad a los críticos pido-
Así, podemos distinguir un versolibrismo rimado de un versolibrismo no rimado.
En el primero la rima si existe y la pone el autor a su conveniencia, así pueden combinarse rimas asonantes con rimas consonantes y versos blancos y; por otro lado, rimas alternas con rimas pareadas y cruzadas en cualquier combinación según convenga al contenido del "poema".

De más está decir que la rima le da ritmo al poema por si misma.
Pero además del ritmo dado por la rima existen tres tipos más de ritmo; y son:


Ritmo Fonético:
Está dado por la repetición de clausulas tónicas. Para explicar esto primero tenemos que convenir en que en  castellano todas las palabras tienen acento (y en efecto así es) y la única diferencia entre palabras es que el acento se marque o menos.
Si el acento se marca con una tilde, hablamos de acento ortográfico, y si no se marca hablamos de acento prosódico; el lugar donde recae el acento es lo que define si una palabra es aguda, llana, esdrújula o sobreesdrújula; también debemos saber que; siempre en Castellano, todas las palabras tienen uno y solo un acento, independientemente de lo larga que pueda ser la palabra, con la única excepción de los adverbios terminados en -mente que suelen presentar dos acentos en la misma palabra.
Ahora, una cláusula tónica está formada por una sílaba tónica y una seri de sílabas atonas.
La cláusula puede ser de una tónica y dos atonas, o de una tónica y tres atonas y en cuaklquier combinación posible; así si llamamos A a la sílaba tónicca y B a la sílaba atona, tomando una cláusula trisílaba como referncia, podríamos tener las siguiente combinaciones:
ABB; BAB, BBA
Y si repetimos una de estas cláusulas en un verso tendremos un ritmo fonético que se escucha claramente al declamar:
La luna seduceal viandante
B A B B A B B A B
En este verso "seduce al" hacen sinalefa, por ello "ceal" se leen como una sola s´´ilaba y por tanto como una sola unidad atona. En este caso la cláusula es BAB y si alguien construye un poema sin rima y con métrica irregular pero repitiendo una cláusula cualquiera, al declamar la pieza tendrá tal ritmo que parecerá musical.
Para versos largos y versículos se pueden utilizar cláusulas más largas, constituidas por una sílaba tónica y tres o cuatro atonas; en cualquiera de sus posibles combinaciones.


Ritmo Semántico:

Este se logra mediante el uso de figuras literarias denominadas de repetición, puesto que repiten en el mismo verso, ya sean sílabas, morfemas,frases o incluso oraciones completas.
Y estas rtepeticiones generan un ritmo que también se escucha al declamar la pieza, pues es un ritmo fonético, ejemplo:


"Con tus alas en las alas de la brisa
con tu risa en la sonrisa del ayuno"

"Con tus sueños entre sueños de la luna
con tus auras bajo el aura de la aurora"


"Lasa, lastimada, lastimera y lastimosa
andas por el mundo como sombra de una diosa"


"Las figuras de repetición son las siguientes: aliteración,onomatopeya, homeotéleuton, anáfora, epífora, complexio,geminación, anadiplosis, gradación, epanadiplosis,polisíndeton, annominatio (paronomasia, derivatio, figura etimológica, diáfora, políptoton), traductio,equívoco/antanaclasis, paralelismo (isocolon, parison,correlación), quiasmo y commutatio/retruécano.

Para el estudio de cada una de estas figuras literarias pueden buscarlas en Wikipedia o googlearlas para mayor profundidad, he encontrado mucho materila al respecto en internet, con vastos ejemplos tomados de poemas escritos por los poetas del pasado.

Ritmo Simbólico:
Este ritmo es tal vez el más difícil de identificar, y de conseguir también se le llama ideográfico y es un ritmo enteramente subjetivo, que no se escucha con los oídos sino que se siente con el espíritu; consistiría en la repetición de figuras ideográficas y símbolos forjados a través de tropos como son:
Metáforas, metonímias, símiles, alegorías, hipérboles, y otros recursos retóricos figurativos que se combinarían en el texto para generar un ritmo subjetivo.
De modo que es ritmo es repetición y la repetición de símbolos e ideogramas se da a través del uso de sinónimos, paráfrasis, perífrasis, etc.


"Lágrimas sinuosas ruedan por tus mejillas
y es el rocío que baña tu sonrisa
el único dolor que moja mi camisa"

Bueno, como ejemplo me parece poco poético pero cuando menos rinde la idea, la repetición de la idea de llanto, lágrimas rodando, rocío bañando sonrisas, dolor mojando camisa...los tres conceptos implican el mismo hecho, es decir el llanto, así el llanto se repite a través de tropos distintos...

En fin, para que un poema sea tal ha de tener rtimo, por lo general el poeta utiliza una combinación de los ritmos anteriores, por tanto incluso en el versolibrismo no rimado -que carece de rima y tiene métrica irregular- hay ritmo, ya sea fonético, semántico-sintáctico, simbólico o una combinación cualquiera de los anteriores.





Sobre el ritmo de un poema: Video

lunes, 1 de julio de 2013

Poesía española de los años 80 y 90





En los 80 y los 90 se produce un profundo cambio en la concepción de la realidad y del poema como representación de esa realidad, en la configuración de los escenarios poéticos y en el papel que se concede el poeta, a sí mismo, en esos escenarios. Estamos viendo a través de los versos que los poetas mantienen una actitud cordial hacia la vida en general y que parecen abandonar las posturas rebeldes, traumáticas, distanciadoras y fetichistas de algunos novísimos. Los poetas quieren enlazar con la vida actual, entrar en la modernidad, sin que ello tenga ya que ver con actitudes contestatarias o vanguardistas. Vemos, además, un interés por relacionarse con la tradición cultural en la que han nacido y vivido, y recuperar o, al menos, no evitar, la herencia de la tradición poética menos social de la generación del medio siglo. Gran parte del éxito de los Novísimos en los 70 se debió a la facilidad que tuvieron para crear una gran escenografía literaria, artística, con elementos del teatro y del cine, que estaba en la mente de muchos jóvenes españoles ya a finales de los 60. En su poesía había todo un despliegue de luces y sonidos (recordemos el poema Muerte en Venecia de Gimferrer o la casi totalidad de su libro La muerte en Beverly Hills, los poemas sobre El Dorado, Cantando bajo la lluvia o Belle de Jour de José María Alvarez; los de Peter PanBlancanieves oLa caza del Snark de Panero, los de la Babilonia de Nino y Semíramis o el Amor y la muerte en Calímaco de Cirene en Luis Alberto de Cuenca etc.) 
 
Escenarios magníficos, de estética barroca, veneciana, hollywoodesca, del modernismo, del simbolismo y los prerrafaelitas, del mundo del cómic, del jazz o del pop; escenarios todos ellos llenos de sugerentes imágenes, pero que dejaban fuera al lector, convirtiéndolo en un espectador pasivo, que poco entendía, pero se dejaba fascinar, por tanta parafernalia y artificio.
 
Esta será, a mi entender, una de las diferencias con la poesía que se está escribiendo en los últimos años. Mientras los novísimos no subían a los escenarios que ellos mismos habían creado, se mantenían distantes, espectadores, lejanos; los poetas en los 80 y los 90 especialmente, aunque mantienen muchos de esos escenarios (despojándoles de decadentismo, florituras y referencias culturales), se suben a ellos para participar, protagonizar, dirigir la representación. La diferencia estriba en que ahora el poeta, su "yo poético“, su ser en la ficción del poema, y los personajes por él creados, las máscaras, una y mil veces inventadas por la vida, viven en esos escenarios y, desde ahí, trasmiten a un lector cómplice e involucrado sus experiencias literarias, biográficas, reales o ficticias. La pasión será guía en el poema, pero sobre ella actuará la ironía, con sus sofisticadas técnicas de distanciamiento. Vemos con frecuencia que los poetas se desdoblan en distintos personajes, con distintas psicologías: son reyes, princesas, guerreros, policías, ligones, amas de casa aburridas, hombres deprimidos, arruinados, celosos y criminales. El poeta se desdobla, finge, o es él mismo, recuerda o inventa, y estos personajes llaman la atención del lector, consiguiendo su complicidad una vez más.
 
El poeta o los personajes por él creado hablan al lector, desde esos escenarios, de sí mismos, de sus sentimientos, sus amores, sus miedos, de los celos, de la generosidad y de la vileza, de la fidelidad y de la cobardía. También se cuentan las anécdotas del día, o las de los amigos, incluso los versos llegan a discurrir sobre las características y los modos de comportamiento de su sociedad, llegando a la reflexión sobre su significado y extrayendo lecciones de vida; la autoironía neutralizará, como he dicho, el posible patetismo de la expresión excesivamente intimista. La escenografía, si es que se modifica, lo hace especialmente en los adornos. La ciudad se muestra en sus aspectos urbanos más duros, más sombríos, hiperrealistas o expresionistas; las calles, los bares, los parkings subterráneos y el hombre vagando, paseando, perdiéndose o divirtiéndose en su ciudad, desplegando por ella sus sentimientos, dejando volar sus ensoñaciones o dejándose arrastrar por sus visiones.
 
Si el tratamiento del yo se volvía obsesivo, como dijimos, sólo se perderá en la ensoñación, durante el sueño, o en el espacio de la fantasía. Desaparece la imaginería surrealista o vanguardista de los 70, pero no la onírica. Se juega en ese espacio entre la vigilia y el sueño, la realidad y la fantasía, donde pueden incluirse todo tipo de elementos extraordinarios (marcianos, monstruos, cíclopes, caballeros medievales, fantasmas...) en una realidad aparentemente cotidiana. Y es que los datos pseudobiográficos que se incorporan al poema, las cosas que le suceden al yo poético, proceden de diferentes realidades, y nadie, ni el lector, ni el poeta harán distinciones entre ellas. Este aspecto, que suele olvidar la crítica, me ha llamado la atención, pues veo con frecuencia cómo algunos poetas de esta última generación tienden a crear espacios irreales, soñados o fantásticos a partir de la realidad cotidiana. Esto se manifiesta de distintas maneras: por un lado, habrá poemas donde esos nuevos mundos creados por el poema se consigan con la simple mitificación de la realidad cotidiana; por otro lado, los habrá como resultado de la desmitificación absoluta de esa misma realidad cotidiana. Así mismo, también encontraremos poemas fundados sobre anécdotas, hechos cotidianos o circunstancias culturales ocurridas en tiempos lejanos, situados en la antigüedad clásica, el mundo medieval, el romanticismo o los Años Veinte, pero el poeta se encargará siempre con habilidad de incorporarlos a nuestro tiempo, jugando incluso con los anacronismos.
 
Así que, cuando hablamos del tratamiento diferente de la realidad en la poesía de las dos últimas décadas, sea porque ésta sufre un proceso de mitificación o de desmitificación, es porque creemos que el poeta juega con una realidad que él mismo falsifica, pues la realidad tal cual, no parece ser vista poéticamente, no parece ser valorada ni estética ni éticamente. La falta de estructuración de esa realidad hace, pues, innecesarias las verdaderas experiencias, éstas no tienen que ocurrir para que surja el poema. La realidad se falsea previamente al acto de creación poética, el poeta elige desde la subjetividad el valor poético que quiere resaltar, lo mitifica o lo desmitifica, y al final el poema sólo presenta una pseudo realidad. Lo que se consigue es crear una atmósfera de irrealidad ante un lector espectador, cómplice. El lector queda atrapado entre los ambientes conocidos y la claridad de la narración; el hechizo se produce sin sobresaltos. (Podemos encontrar un cíclope en la Casa de Campo, tener una ameba con pseudópodos en nuestro bolsillo, hablar con un extraterrestre, o conocer a Ulises en una fiesta.) Estamos hablando de una poesía que busca temas inquietantes y turbadores en los que el poeta pueda dar rienda suelta a sus fantasías, hiperbolizando aquellos aspectos de la realidad cotidiana que le parezcan más atractivos, destacando los rasgos más humanos, bien para ridiculizarlos, bien para ensalzarlos, pero dejando siempre un espacio de ironía o de humor entre el poema y el lector. En cualquier caso, esas nuevas realidades de las que nos hablan los poemas se presentarán de manera ordenada e inteligible, nada deberá interrumpir la comunicación con el lector, pues se busca al lector, se le quiere hacer cómplice y partícipe del mundo inventado en el poema. La comunicación con el lector sigue siendo, como dijimos, uno de los objetivos primordiales, pues el poeta tiene la seguridad de que no es ningún demérito artístico el que un poema "se entienda“.
 
En esta poesía se trata de recobrar las cosas cotidianas, los objetos y los seres queridos, procurando que no pierdan su ser real, aceptando su condición objetiva; por eso vemos cómo se revaloriza la importancia del lugar donde se vive, de la provincia, de la ciudad, la calle, los bares. Al poeta le gusta nombrar los lugares por los que pasa, aproximarlos al lector, para que éste participe de su historia, sea ésta una historia fingida o real. Parece, como señala Francisco Rico, que los poemas están ganando en “sustancia narrativa, cotidianidad, lenguaje coloquial, humor, en tanto las novelas crecen en intimidad, afectos, rumbos meditativos...” (Francisco Rico, De hoy para mañana: la literatura de la libertadEl País, 9-10-1991, p. 4.). El esquema para producir el poema está conseguido, el éxito por el momento también, la realidad se impone una vez más en la literatura, la anécdota vivida o fingida es narrada poéticamente, con claridad y cuidado formal. Es la eterna anécdota que expresa y comunica al lector el dolor y la alegría cotidianas, y que funciona muy bien en el cine y en la novela contemporáneas, pero en poesía la narración de anécdotas no debe ahogar el poema, donde por encima de todo debe quedar libre el camino hacia la imaginación, las sugerencias y las emociones.

martes, 22 de enero de 2013

Asonancias



Escrito por Brooke Hart | Traducido por Maria Della Cella Figueredo

Usar diferentes técnicas literarias también ayuda a comunicar diferentes puntos a los lectores de una forma única. Una de las técnicas más comunes usadas en la literatura es la asonancia. Esta ofrece sonidos específicos a lo largo de la obra de trabajo para crear un giro interesante en la escritura.
Características


La asonancia se usa específicamente para crearle sonido a la escritura a través del uso de vocales. Esto es similar a una rima y se hace al tomar las vocales presentes en diferentes palabras y usándolas de forma repetitiva. Por lo general esto sólo se usa en un espacio pequeño, como por ejemplo una oración o una frase. Al hacer esto, se crea un efecto que le permite a la escritura moverse de forma diferente, como por ejemplo con un ritmo hacia las palabras que se usan. Al usar asonancia, las palabras no tienen un ritmo directo. Por ejemplo, si dices gatos y patos, el sonido de la "a" puede ser considerado asonancia. Sin embargo, dado que la "s" es la terminación, se considera un ritmo, si dices gatos y pato, entonces se aproxima más a la asonancia pero porque las vocales son las mismas, pero no la consonante final.



Historia


El uso del inglés moderno ha llevado al uso de la asonancia y continúa siendo usado en diversas formas de poesía. Su nombre proviene del latín, el cual se define como "sonar". Varios autores clásicos utilizan esta herramienta particular de forma libre. Algunos ejemplos famosos pueden ser W.B. Yeats, Dylan Thomas, Sylvia Plath y John Hawkes. Sin embargo, el concepto de asonancia no es el que se usa únicamente en la literatura clásica. Los autores más nuevos también la utilizan para ayudar a las descripciones y para generar un sentimiento más rítmico en sus trabajos. Esto también ha cruzado las barreras del género de literatura, y es conocido entre los artistas de rap como una forma común de acentuar palabras específicas que no se encuentran en el final de las oraciones, así que el ritmo y la sensación pueden continuar sonando.




Efectos


El concepto de ritmo en la literatura y con el uso de las palabras es uno que se considera secundario, sin embargo, marca una diferencia en cómo se lee la literatura. Cuando se utiliza la asonancia, las vocales son capaces de acentuar lo que se quiere decir. A medida que esto ocurre, se desarrolla un ritmo en las áreas donde el acento cae. Se debe tener en cuenta que esto es diferente que el ritmo, ya que simplemente mueve las palabras, aunque las consonantes terminantes sean diferentes. La definición de ritmo es cualquier cosa que transmite un golpe firme para empujar algo. Cuando caminas tienes ritmo, ya que tus pies deben mantenerse a un paso firme para poder seguir caminando. La definición de un acento es un golpe fuerte de un ritmo. Por ejemplo, si caminas y golpeas con tu pie derecho, entonces da un paso liviano con el izquierdo, el pie acentuado es el derecho, ya que lleva el sonido fuerte. Para describir el concepto de ritmo y acento a través de la asonancia, puedes tomar varios ejemplos de cómo el ritmo empuja a las palabras. Por ejemplo, un artista de rap, Big Pun, suena como esto (en inglés): "Dead in the middle of Italy, little did we know that we riddled two middle men who didn't do diddly". La "i" a lo largo de las líneas une a toda la frase con el ritmo correcto. Un ejemplo más clásico puede ser visto desde William Wordswortg "Or hear old Triton blow his wreathed horn". La "o" es el ritmo que aporta el afecto literario de la asonancia.



Identificación


Si estas leyendo un texto literario y buscas asonancia, tendrás que buscar pistas. Una de las formas más fáciles es ver si estas leyendo una poesía como tipo de obra. Por lo general, estos usarán más asonancia que ficción o no ficción. Sin embargo, algunos autores pueden agregar un poco de asonancia para cambiar cosas con su literatura. La forma más fácil de identificar a la asonancia es escuchando cómo lees una escrito y dónde están los acentos. Si te das cuenta de que hay acentos en algunas vocales, entonces es probable que estés usando asonancia. También puedes buscar repetición de algunas de las vocales en una frase corta o renglón. Por ejemplo, si ves una "o" repetida muchas veces, y todas tienen el mismo sonido, entonces es probable que se esté usando asonancia. Por ejemplo, toma este pasaje de Edgar Allan Poe "And so, all the night tide, I lie down by the side / Of my darling, my darling, my life and my bride". El sonido de la "i" (en inglés) que se usa a lo largo del poema también se repite en cada palabra, mostrando una conexión fuerte con el sonido de las vocales.



Punto de vista del experto


Para los escritores que usan asonancia, tengan cuidado. Es importante mantener un equilibrio con este tipo de herramienta particular. Si se usa en exceso, los lectores le prestarán atención sólo a los sonidos de vocales acentuadas y no a lo que se dice. Si no se usa de suficiente forma o en el lugar apropiado, no acentuará las palabras en las cuales te enfocas. También es importante nunca comprometer el escrito con el uso de la asonancia. Si tienes una palabra o juego de palabras que deseas usar, pero existe un problema con la asonancia, elige la palabra por sobre la rima. Una palabra fuerte se acentúa a si misma para que el punte se logre, incluso sin una rima vocal.